Por Sergio Reyes II
Cuando se seque la última fuente de agua y se agote el último pez en el rio; Cuando caiga el último árbol a causa de la sequía o del filo impío del hacha; Cuando las ciguas y barrancolíes ya no vuelen más; Cuando el aire se torne irrespirable y, por los innúmeros maltratos recibidos, la noble tierra se torne infértil y se niegue a parir más,
… Entonces, comprenderán, que el oro no se come y que la verdadera felicidad nunca está asociada con las riquezas y la vanidad.
Comprenderán, también, que los recursos no renovables de una Nación constituyen el patrimonio que nos legaron nuestros ancestros y que, a su vez, tenemos el ineludible deber de transferirlos, lo más intocables y lo menos menguados posible, a nuestros hijos y a las generaciones por venir.