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15 ene 2011

La fiesta de Los Reyes.

Sergio Reyes II.

( A Ana Hortensia y Ana Rosa )

Como cada 6 de Enero, un bullicio ensordecedor irrumpe en la apacible comunidad rural de Pueblo Nuevo, Loma de Cabrera, arrastrando a su paso a familiares y extraños, quienes de improviso quedan envueltos en la celebración de un significativo encuentro que aumenta de año en año, tanto en cuanto al número de participantes como en el esmero y la disposición desplegada por los cabezas de familia y, de manera especial, por los organizadores principales.

30 nov 2010

Las delicias del ‘Mambá’.

Sergio Reyes II.



Antes de que la industrialización arropase por entero las ‘góndolas’ de los supermercados y las tramerías de almacenes, colmados y pulperías en donde se oferta al público los comestibles y demás productos del consumo tradicional en el hogar, en los más apartados rincones de la Patria ya la gente disfrutaba los placeres y delicias de un producto artesanal, elaborado con el ingenio de nuestros humildes campesinos y que gozó siempre del aprecio de los integrantes de todos los estratos sociales, en los pueblos y ciudades.

Eran tiempos en que el afecto y la consideración hacia los demás se expresaba y materializaba, de manera directa, con el envío de unos cuantos huevos de gallina envueltos en papel de ‘funda’ y depositados en una latita de avena, rigurosamente tapada, además de otro envase de igual o parecido tamaño y naturaleza, atiborrado de aromático polvo de café, tostado y molido en casa; a todo ello se agregaba una buena provisión de frutas de la estación y víveres cosechados en el conuco, en un volumen acorde a la capacidad de transporte o carga del emisario o del receptor.

15 jun 2010

LOS MUCHACHOS DE VERDINEGRO

Por Sergio Reyes.-

El pueblo estaba acogotado. Enclaustrado en una cárcel de 48,442 kilómetros cuadrados y padeciendo el bombardeo de un sistema educativo orquestado de manera artera por cerebros enfermizos al servicio de las más perversas finalidades. Coartado en sus más elementales derechos. Adocenado y sin acceso a fuentes de información fidedignas y pluralistas. Bajo un régimen de fuerza, basado en el terror, que no tenía miramientos a la hora de reprimir y liquidar tanto a sus adversarios políticos como a simples disidentes.

11 may 2010

Mi escuelita, mi escuelita, yo la quiero con amor,....!!




















Por Sergio Reyes II.-

Su mirada se distrae en el vasto y casi vacío recinto en que se concentran sus mas íntimas y creativas ilusiones y espectativas. A su lado, cual traviesos y juguetones cachorritos, revolotean los párvulos, muy ajenos de saber a plena conciencia el grave y delicado dilema que atormenta a su Maestro. En los rústicos butacones, los cuadernos emborronados con la ‘tarea’ del dia, en el polvoriento y rústico pizarrón que cuelga en la pared con la fecha y la leccion del momento estampados en rotundos trazos escritos con blanca tiza y en los sonidos lejanos provenientes desde las viviendas cercanas, late la casi imperceptible pero terrible e ineludible realidad: la escuelita se cae a pedazos y como espada de Dámocles la desgracia pende sobre más de una treintena de escolares y su profesor que allí hacen realidad, día a día el rito sagrado de la educación, sin que nadie, ni siquiera los más llamados a hacerlo, den un paso al frente en la búsqueda de las urgentes soluciones que amerita el caso.

3 abr 2010

Cuánto duele estar lejos en Semana Santa!!



















Me sentaré, dócilmente, a la mesa solitaria. Llevaré con desgano a la boca los alimentos que con tanto amor preparó mi hermana para mí. Apuraré ávidamente los tragos de Frontera (Chileno, pero me encanta el nombre!). Frank Reyes martillea desde hace rato mis oídos con “Te Pienso” y “Sigo Vivo” y la absurda soledad de este cuarto termina por derrumbar mi resistencia cuando, con Rita Indiana, canto a gritos “La Hora de Volvé”.

Y en este Sábado Santo, vuelo, nueva vez, como lo hago siempre que estoy solo –yo que allá nunca lo estuve-, al terruño de palmeras y de emociones que no caben en el alma, a mi casa, a mi gente, a cielos y reinas.

Sé que Leongino, en el Bronx, Miguel Ángel en Ohio, Ricard en Illinois, Cristino en las tupidas selvas de Costa Rica y Oscar Pelanga, convaleciente en la Patria Chica, coincidirán solidariamente con mis nostálgicos sollozos. Papomena en Coral Gables, -cámara al ristre, pero melancólico-, y Ramón Helena, monitoreando el mundo desde su aldea virtual en el laboratorio digital de Monte Cristi, también entenderán mis motivos.

Triculí y LaXclusiva estarán dándose vida, siguiendo las incidencias playeras, los ‘ronconciertos’ artísticos y los más recientes bochinches del mundillo musical. Amaro estará atrapando voluptuosas curvas de lo mejor de nuestro patio para agradarnos –a todos- la vista. Y, de paso, estará tomando notas de las andanzas del ‘mondonguero’ o cualquier otra sabrosa infidencia cultural para sorprendernos más adelante con su ingeniosidad y picardía.

Lo demás: operativos de auxilio, estadísticas de Semana Santa, Las Siete Palabras y campaña política proselitista solapada, se la repartirán los jerarcas de la comunicación –esa es su misión!-; Todo ello junto a los denodados esfuerzos del COE, los abnegados muchachos de la Defensa Civil y la Cruz Roja y los operativos de la Z-101, por llevar salud, seguridad y sana diversión a la ciudadanía que abarrota las playas, balnearios y sitios de goce y descanso y transita por caminos y carreteras del país en estos días.

Mientras, yo sigo aquí, oteando hacia el sureste, en donde están mis múltiples quereres, añorando yaniqueques de los que hacen en Boca Chica y Najayo, pesca’o con coco de Samaná y un jarro bien grande de habichuelas con dulce, con batata, casabe y galletitas con crucecitas, pa’afincá. Y claro, la procesión hasta el Cristo del Perdón, tempranito en la madrugada, en Dajabón, para expiar pecados y aplacar veleidades.

Aquí, no se ve nada d’eso: tiendas abiertas, un bullicio infernal, gentes persiguiendo sueños con un pie aquí y el otro allá. Y todas, deambulando, con el alma contrita y una huella de nostalgia impresa en el triste rostro.

Es la vida; es NUESTRA vida.
Por mi parte, con el ánimo lleno de dominicanidad, miraré desde lo alto de la ventana de mi cuarto piso y transportaréme hacia mi terruño, al cielo inmenso y cálido de la Patria mientras veo el último video de Santo Domingo Invita; Sólo así seré feliz. El momento llegará, del reencuentro. Siempre llega!!

Que Dios bendiga y cuide a mi pueblo en esta Semana Santa que finaliza!!

Sergio Reyes II
sergioreyII@hotmail.com

Abril 3, 2010. 1:51 p.m. NYC.

Con Ulises Regino en el recuerdo


Hace unos días despertamos horrorizados con la infausta noticia de que en la noche de la víspera una vida valiosa había sido segada mientras se perpetraba un atraco en un establecimiento comercial del sector capitalino de Ciudad Nueva. La reseña indicaba que los desalmados delincuentes no tuvieron miramientos en acribillar a balazos a uno de los parroquianos que se encontraba en el interior de la bodega (colmado), quien, al parecer, se resistió al atraco y tal vez quiso interceder en apoyo de los dueños del establecimiento u otras personas presentes.

La identificación de aquel valeroso ciudadano fallecido y el preocupante derrotero que viene observando en los últimos años el clima de preservación de la seguridad ciudadana y el respeto a las libertades públicas en el país, deben mover a hondas reflexiones a todo aquel que tenga una pizca de aprecio por su terruño y el sostenimiento de nuestra endeble democracia.

La vida, en todas sus manifestaciones, debe ser motivo de alegría y satisfacción; su preservación debe ser compromiso de todos y la supresión de ésta por vías y medios ajenos al decurso natural del proceso biológico por el que todos hemos de transitar debe ser motivo de rabia e indignación.

En lo personal, por más de una razón, la muerte de Ulises Regino Lantigua, a manos de una banda de delincuentes de la peor ralea, nos conturba el espíritu y nos llena de profunda congoja.

No vamos a destacar las descollantes cualidades que adornaban a este ciudadano, en su entrega sin dobleces a la militancia política y a la defensa de las mejores causas del pueblo dominicano. Con suficiente propiedad y sin menoscabo ya lo ha hecho Reynaldo Pared Pérez -representante de la colectividad partidaria a la que pertenecía Regino-, a quien le correspondió resaltar las valiosas condiciones del fallecido así como el hondo pesar que embarga al PLD y sus miembros debido a esta lamentable pérdida.

No pretendo suplantar el papel que le corresponde a la Universidad Autónoma de Santo Domingo –UASD-, institución a la cual el finado estuvo ligado en una etapa importante de su vida, desempeñando diferentes posiciones administrativas y en donde siempre se destacó como fiel defensor de los principios filosóficos de esa alta casa de estudios y soldado de primera fila como defensor y propulsor intransigente e inflexible de las reformas e implementación de iniciativas en bien de la institución académica.

Seguro estoy que la familia uasdiana y sus actuales autoridades le habrán rendido por los canales correspondientes, sin regateos, mezquindades banales ni sectarismos trasnochados, los reconocimientos a los que se hizo merecedor, y así se lo habrán hecho saber a sus familiares inmediatos y demás deudos.

No queremos evaluar el descollante papel jugado por Ulises Regino en pro de la ornamentación del campus de la UASD, su jardinería, rescate y establecimiento de áreas de descanso y estudio, que convirtieron el perímetro de la Academia en una especie de santuario ecológico de preservación y desarrollo de variadas especies de la fauna y la flora, matizado con vistosos jardines y estructuras ornamentales hábilmente establecidas como remanso visual y espiritual. En estas tareas, Regino concitó el entusiasmo y la colaboración del Maestro Haffe Serrulle –quien ocupó el cargo de Secretario General de la institución en la época a que nos referimos- y el eminente naturalista Profesor Eugenio de Jesús Marcano (Qepd), entre otros, quienes le apoyaron en sus proyectos ecológicos y ornamentales y le diligenciaron el apoyo logístico necesario para echar adelante lo que para algunos era una utopía.

Los robustos y espigados exponentes de las diferentes especies ornamentales introducidas y diseminadas en todo el campus central de la UASD, las diversas variedades de aves que establecieron desde entonces su hábitat en los citados terrenos y las múltiples especies florales sembradas por doquier y que, a pesar de ciertos descuidos coyunturales, todavía engalanan las calles y veredas con su lozanía, simbolizan, en el presente, el más vivo ejemplo de las oportunas medidas tomadas por Regino -a pesar de las disidencias- en aquella época y constituyen a la vez un simbólico legado a su memoria.

En los últimos años, luego de agotar un extenso periodo de labores en el centro académico, le vimos entregado por entero a labores de limpieza y acondicionamiento de playas y balnearios, como parte de un plan general orquestado por el Ministerio de Turismo, entidad estatal dirigida en la actualidad por Francisco Javier García. Con su inagotable energía y habilidad para dirigir contingentes humanos, le vimos encabezar extensas jornadas de trabajo en las playas del litoral costero del norte y noroeste del país y en otros puntos de la geografía nacional y en sus actos y ejecutorias resaltaba la gran pasión con que se entregaba a las actividades en las que entraba en contacto con la naturaleza.

Una acción aviesa y deleznable nos ha dejado sin la presencia vigorosa, afable y solidaria de Ulises Regino Lantigua. En mis recuerdos siempre permanecerá como la persona con la que se podía disentir sin que ello fuese obstáculo que impidiese debatir, en tono franco y abierto, hasta llegar a soluciones y acuerdos que beneficiasen a las mayorías.

Quedará, también, como el contendor en las lides sindicales o de política partidaria que nunca apeló a trapisondas ni golpes bajos para defender sus posiciones, una persona de mentalidad liberal con la que se podía conversar sobre casi cualquier tema y que, a pesar de estar ubicado en la acera del frente, siempre fue un leal colaborador y enlace de confianza en tareas delicadas y de envergadura, encaminadas por la gestión sindical en la que hube de formar parte en los años 1982-1984, al frente de la otrora pujante Asociación de empleados Universitarios –ASODEMU-.

En aquellos años de efervescencia política, sindical y estudiantil, en que la Patria se debatía, acogotada por las desaforadas exigencias e imposiciones del Fondo Monetario Internacional –FMI-, desechando su condición de Mayordomo General –Interino- de la UASD, cuantas veces fue necesario Ulises Regino supo dar un paso al frente y convertirse en ‘guardia raso’, chofer, propagandista, mano derecha y, en algunos casos, guardaespaldas, al servicio de aquel abigarrado equipo de bisoños dirigentes sindicales que se entregaron en cuerpo y alma a la defensa de los intereses de los trabajadores, tanto dentro como fuera de la institución académica. Haciendo mutis de su investidura como funcionario medio del centro de estudios y sin importar riesgos ni consecuencias, continuamente acompañó a los miembros de la directiva sindical en marchas, procesos huelgarios y otras jornadas de lucha reivindicativa.

Y en algunas ocasiones en que las confrontaciones socioeconómicas exigían la participación de ASODEMU junto al conglomerado sindical en jornadas de alcance nacional, haciendo galas de una inestimable muestra de coraje y de solidaridad, sorteando los peligros de la noche y la acechanza de los mecanismos de seguridad del Estado, la mano diestra y segura de Ulises Regino empuñaba el timón de la destartalada furgoneta asignada por aquel entonces a la directiva del sindicato como medio de transporte –a la que popularmente se había bautizado como “La Bota pinchos”- y nos depositaba en la seguridad de nuestros hogares y el calor de nuestras familias, para regresar entonces a su redil, solo, pero con la satisfacción del deber cumplido.

Esa era la naturaleza de ese ser inmenso que en vida respondió al nombre de Ulises Regino Lantigua: solidario, abnegado, Leal; Trabajador a carta cabal. Así permanecerá en nuestros recuerdos.

El salvaje crimen perpetrado en una persona de tan elevadas cualidades no debe quedar impune. La sociedad dominicana exige una sanción ejemplarizadora para los culpables de este bochornoso hecho y que se detenga, de una vez por todas, la escalada delincuencial que amenaza con echar por la borda la estabilidad social que tantos sacrificios nos ha costado.

Descansa en paz, camarada, hermano, amigo, Ulises Regino Lantigua!!

Sergio Reyes II
sergioreyII@hotmail.com

NYC. 02/28/2010. 11:30 p.m.

5 ene 2010

ILUSIONES TRUNCAS


El personal operativo de ‘American’ afanaba intensamente aquella mañana agilizando el procesamiento de la revisión de equipajes y chequeo de documentos del multifacético maremagnum que se agolpaba en las filas desde tempranas horas de la madrugada.

Dado lo temprano de la hora de salida, en la terminología popular habíase bautizado aquel vuelo como “El Madrugador”, y, acorde con dicha cualidad, aquel día, pasajeros y empleomanía de la línea aérea, todos a una, ponían de su parte a fin de que el abordaje y salida de la nave pudiese efectuarse sin mayores tropiezos.

Entre chequeos de maletas y el pago del ineludible y casi siempre presente ‘sobrepeso’, alternados con bostezos y emocionadas despedidas casi al filo de la entrada a Migración, fueron desfilando uno tras otro, para llegar a la zona de espera previa al abordaje de la inmensa nave cuyo platinado fuselaje se avistaba mas allá del inmenso mirador de vidrio compacto.

Lágrimas de despedida, encargos de último minuto a los familiares que quedaban a cargo y cariñosos mensajes dirigidos a quienes habrían de recibir en sus destinos finales a aquellos viajeros, era todo cuanto se avistaba en la confusa atmósfera de aquella mañana, mezcla de angustia y emoción.

El counter –mostrador- fue quedándose vacío, para alivio de las muchachas y demás empleados de AA que veían de tal suerte concluída exitosamente su misión. A los pilotos, azafatas y demás miembros de la tripulación del Airbus 300-600 les tocaba ahora la encomienda de recibir a los eufóricos pasajeros y conducirlos a salvo y con atentos cuidados hasta su destino final, en pleno centro del Caribe, en una isla bañada de sal y mar y guarnecida con los más hermosos bancos de coral que la mente recuerde.

Algunos iban para las fiestas de navidad, en una adelantada fecha que era, por una parte, una hábil estrategia de conseguir buenos precios en los pasajes, previo a la época de alzas, y por la otra, una vía de escape al opresivo y angustiante estado emocional en que quedó sumida la población luego de los catastróficos efectos de la oleada terrorista de Septiembre 11.

El estado generalizado de miedo e incertidumbre que había echado por el suelo las esperanzas de bienestar y progreso de muchos inmigrantes, acicateaba el ánimo de varios de los ocupantes de aquel vuelo. Algunos habían partido de vuelta a sus tierras, sin planes inmediatos de regreso al País de las Oportunidades, y junto a sus atiborradas maletas, el grueso número de varios de aquellos núcleos familiares se llevaba de vuelta sus ilusiones y expectativas: El terror estaba ganando cuerpo en las mentes y actitudes de amplios sectores de clase humilde y trabajadora y nadie podía apostar a un mañana promisorio.

-II-

El escualo de plata inició su deslizamiento y labores rutinarias de carreteo en el andén de la Terminal a la espera de su turno, detrás de un avión de bandera japonesa. Para el personal de la Torre de Control del Aeropuerto John Fitzgerald Kennedy aquel era un día mas de rutina, caracterizado por la incesante comunicación e intercambio de impresiones con los pilotos de las innúmeras aeronaves que se acomodaban parsimoniosamente a la espera de entrar a la pista de despegue, así como de coordinación con el personal en cabina en los vuelos de llegada.

El vuelo # 587 de American Airlines, con destino a República Dominicana, se deslizó vertiginosamente por la pista del atestado aeropuerto neoyorquino, y luego de proceder, acorde al reglamento, con todas las medidas de lugar, se elevó a los cielos cargando en su vientre a 251 pasajeros y 9 miembros de la tripulación.

Los sueños e ilusiones se agolpaban en las mentes de los que se iban –y los que quedaban atrás-, aquel 12 de Noviembre de 2001. El reloj marcaba las 9:14 minutos de la mañana.


Apenas un minuto después, el Capitán, Ed Status y su Copiloto Sten Molin, reportaron a la torre de Control la presencia de una preocupante estela de turbulencia, que afectaba el ascenso y desplazamiento de la aeronave, originada , al parecer, por el curso del avión 747 japonés que les había precedido en la salida de la Terminal.

No hubo tiempo a nada más.

La reconstrucción de los fatales sucesos que sobrevinieron después definió como explicación básica de la tragedia que la deriva vertical y el timón direccional de cola (del avión) se separaron y segundos después la nave se precipitó a tierra envuelta en una terrorífica bola de fuego.

Los cielos de la apacible comunidad turística de Rockaway, en la costa sur del condado de Queens, a unos 8 kilómetros del aeropuerto, se tiñeron de rojo, en la tranquila mañana. Algunos apenas iniciaban los afanes rutinarios del hogar, mientras otros permanecían en la apacibilidad de sus camas, dispuestos a disfrutar unos momentos adicionales de sueño.

El estrépito infernal que sobrevino repentinamente remeció a la taciturna barriada de Belle Harbor y en pocos segundos, cerca de una docena de edificaciones y una estación gasolinera quedaron envueltas en llamas y sumidos sus lugareños en un paroxismo de llanto y terror que rememoraba los efectos alucinantes de un reciente 11 de Septiembre todavía latentes.

La intercepción de las calles Newport y 131 resultó ser la parte más afectada: las viviendas impactadas y los frondosos árboles de los alrededores ardían envueltos en flamígeras llamaradas. Por doquier se observaban restos retorcidos del fuselaje de la nave. A unas 20 cuadras de allí había ido a parar una parte de uno de los motores que se desprendió en pleno vuelo. Todo lo demás era parte de un horroroso amasijo de fuego y destrucción.

La indolente y fría contabilidad arrojó un saldo fatal de fallecidos que incluía la totalidad de los ocupantes del avión (265) y 5 lugareños, residentes en las viviendas impactadas, mas un herido de gravedad.

Todas las unidades de la estación de bomberos local, reforzadas con otras muchas que arribaron desde todos los puntos de la ciudad lucharon incesantemente por sofocar las llamas y evitar que los daños se extendiesen a toda la población. Un fuerte operativo de seguridad acordonó la zona para evitar el ingreso de los medios de prensa y de los desesperados familiares que ya comenzaban a afluir a borbotones hacia el trágico escenario de los acontecimientos.

Las sonrisas e ilusiones que apenas unos instantes atrás habían dejado sembrada su estela de encanto en ambos conglomerados (los que se iban y los que se quedaban) se había trocado en dolor, quedando así eclipsadas, irremisiblemente, como un amargo recuerdo para la posteridad.



-III-
Un Homenaje al Recuerdo.

La Calle 116 de Belle Harbor, en Rockaway Beach, a pesar de su reducida extensión viene a ser, en cierto modo, la principal arteria de esa población playera. En el verano, una intensa y bulliciosa marejada humana inunda sus aceras, paseos peatonales, restaurantes y otros establecimientos comerciales y de diversión.

Allí termina (o inicia) uno de los ramales del archifamoso Tren A, que conecta gran parte del territorio del condado de Queens con la isla de Manhattan, extensión ésta última que recorre a todo lo largo, hasta la estación No. 207, en la barriada de Inwood, mas al norte de Washington Heights.

En un extremo de la precitada calle # 116 se encuentra una placita, con glorieta decorada con curiosos vitrales y andenes o aceras con inscripciones que evocan nombres y sentimientos. Hermosas plantas de vistoso colorido engalanan el lugar. Una serie de banquetas ha sido dispuesta a propósito para el descanso y permitir la afluencia de la meditación, en recuerdo a los allí venerados.

Se trata de una plaza en homenaje a los caídos en los fatídicos atentados terroristas del 11 de Septiembre de 200, que impactaron a las torres gemelas conocidas como World Trade Center (WTC). Una parte de los fallecidos en esos luctuosos hechos, principalmente miembros del cuerpo de bomberos, eran residentes de esta localidad, y en tal virtud, sus nombres son recordados y venerados con respeto y amor, por lugareños y visitantes.

En días despejados, desde este mismo lugar, puede verse en lontananza la silueta de la punta de la isla de Manhattan, con sus característicos rascacielos. Un espacio vacío, en donde una vez estuvo el WTC, resalta en la lejanía, con la solemnidad del espanto.

Al otro extremo de la calle, casi al borde de la playa, se erige otra plaza de veneración. Sólidos ladrillos de color más claro que lo tradicional dan forma a una estructura en semicírculo que permite una amplia concentración de personas en su centro. Una parte de las piezas de adobe ha sido dispuesta para registrar los nombres de cada uno de os caídos en el Vuelo # 587 de la aerolínea American Airlines, con destino a República Dominicana.

Las autoridades oficiales y edilicias, representativos del consulado dominicano, organismos comunitarios y la entidad que agrupa a los familiares de los fallecidos, aunaron esfuerzos para lograr la autorización de la erección del monumento, la elección del lugar adecuado y la disposición de los fondos correspondientes.

Un fragmento de un inolvidable poema del Poeta Nacional Dominicano, Don Pedro Mir, corona la estructura, llamando poderosamente la atención y motivando la meditación sobre los profundos significados de la vida.


-IV-

Esta lamentable tragedia de la que finalmente fueron descartados orígenes terroristas o criminales, enlutó en toda su extensión a la República Dominicana así como a otras naciones representadas en pasajeros que por diferentes razones formaban parte del citado vuelo.

Aquel día y los que le sobrevinieron un manto de luto y dolor cubrió las barriadas de Washington Heights e Inwood –en Manhattan- así como los condados de El Bronx, Queens y Brooklyn y diferentes puntos de Nueva Jersey en donde residen mayormente los inmigrantes dominicanos.

El dolor tocó a todos por igual y en cada calle o sector se lloraba la muerte de un familiar, un vecino, amigo o relacionado. La solidaridad se hizo presente en cada corazón atribulado, en homenaje a los tantos dominicanos y el resto de ciudadanos de otras nacionalidades fallecidas aquel trágico día.

-V-


El culto a los caídos, heredado de culturas milenarias, nos impulsa a venerar el espíritu de nuestros seres queridos, manteniéndolos presentes en el pensamiento y el corazón. Hasta el reencuentro con ellos.

El monumento de Rockaway Beach no guarda los restos mortales de los fallecidos en el fatídico vuelo, pero es una forma de profesar amor a su recuerdo. Las conveniencias estructurales y disposiciones edilicias determinaron que esa solemne estructura fuese erigida al final de la calle # 116 y no en la # 131 –en donde realmente ocurrió la colisión-. Igual da!!
Su importancia radica en que constituye un punto de referencia y encuentro para honrar a nuestros seres amados cuya vida eclipsó el destino a destiempo.

El golpeo en el rostro de la fuerte brisa proveniente de la playa y el embate de las furiosas olas del Atlántico, que nos salpica a veces con infinitas gotas del salitroso líquido nos permite evocar sus recuerdos, remontando el espacio por encima del inmenso mar, hacia una dimensión en donde no hay dolor ni maldad. Solo la magnificencia del amor que les seguimos profesando.

Por todo ello, en mi nombre y en el de todos los que están imposibilitados de venir, he acudido a venerar la memoria de mis 176 dominicanos y otros hermanos del mundo, en esta mañana fría y solitaria de inicios del año 2010.

Paz a sus restos y eterno amor a su memoria!!

SERGIO REYES II
sergioreyII@hotmail.com
Belle Harbor; Rockaway Beach. NYC.
01/01/2010; 9:45 a.m.

Una sola Palabra

BUCÓLICO

1. Adj. lit. Díc. del género de poesía o composición poética que canta la sencillez de la vida campestre. Teócrito es considerado su creador y Virgilio su máxima figura y modelo para los autores de la Edad Media.

2. adj.-s. idílico.