Por Sergio Reyes II.
Una discreta aureola, que era, a la vez, una mezcla de respeto y devoción sin reservas, caracterizaba el trato existente entre los patriarcas de antaño y sus empleados, relacionados y/o conmilitones. Como era norma y en algunos aspectos aún se viene repitiendo, el Cacique, que para el caso es lo mismo, detenta la propiedad o administración de un negocio del comercio o cierto medio de producción de relativa importancia, lo que pone bajo su control los intereses y aspiraciones de aquellos que dependen económicamente del citado medio para poder subsistir. Ya sea una finca de explotación agrícola o ganadera o bien tenga bajo su control las riendas de alguna empresa del orden agro industrial (por ejemplo, un molino de arroz, un aserradero o alguna industria procesadora de frutos –café, cacao, etc.-), las relaciones primarias derivadas de este mecanismo de dependencia, en cierto modo mutua, genera, de continuo, un vínculo estrecho en el que, más que el simple trato Patrón-Jornalero, se deriva una monolítica relación en la que se conjugan lazos fraternos que, en algunos casos, bien pueden ser homologados con la relación patriarcal practicada en añejas civilizaciones.
