Por Sergio Reyes II
Un ululante sonido, que parece susurro y evoca gemidos viaja encabritado en las ondas del viento, penetra entre ramas, flores silvestres y enredaderas en la enmarañada sucesión de enhiestos pinares y otros exponentes que conforman la floresta de la serranía y luego de rebasar las altas copas de estos, se expande en el espacio, se proyecta en todas direcciones y se hace dueño del entorno, difundiendo un sutil mensaje, unas veces sociable y fraternal, otras tantas combativo, que enlaza multitudes, transmite sentimientos y hace evocar eventos gloriosos, épicas libertarias y legados comunes, que perviven, todavía, en la conformación social de los pueblos que ocupan la Isla Hispaniola.
