28 sept 2011

Con Tatico y Nonito en ‘La Loma’, la fiesta era un carrusel sin fin.

Sergio Reyes II.

Hay hechos en la vida del ser humano que le hacen trascender, le sacan del anonimato y le llevan a brillar y perpetuarse en el recuerdo y el aprecio de sus conciudadanos. Hay acciones y circunstancias, a veces fortuitas, que permiten moldear la personalidad y acompañan al ente social creando estereotipos de corte folklórico y costumbrista, que definen, en nuestro medio, a algunos elementos de la composición social dominicana y conforman la idiosincrasia de sus gentes.

Esos hechos y circunstancias a que nos venimos refiriendo permitieron reunir en un mismo escenario, moldeando y perpetuando en el tiempo y la memoria de la colectividad al versátil acordeonista y virtuoso merenguero típico dominicano Tatico Henríquez (Domingo García Henriquez) junto al hacendado y comerciante Nonito Díaz, ampliamente conocido en los predios de la Línea Noroeste y, de manera especial, en la población de Loma de Cabrera, en donde reside.

Exponente sin igual de nuestros ritmos folklóricos y un maestro de la improvisación, el uno. Emprendedor hombre de negocios ligado a la agropecuaria y los bienes raíces y con un amplio prontuario en el accionar público pueblerino, el otro. Y amantes por igual de las fiestas, las francachelas, las parrandas y los trotes en pos de faldas diseminadas en el amplio territorio que ocupan los ardientes pueblos de La Línea, quiso el destino reunir a estos dos prestantes individuos y perpetuar su recuerdo en las letras de un conocido merengue que fue interpretado hasta la saciedad por Tatico –lo que solo pudo ser interrumpido por el acaecimiento de su lamentable deceso, en 1976 -, y ha sido incluido en el repertorio de otros dignos exponentes de nuestro folklore, extendiéndose con ello el arraigo de la citada pieza en el gusto de la gente.
 
‘Nonito en La Loma’, lleva por título el pimentoso merengue emanado del genio repentista y creativo de Tatico Henríquez. Además de constituir una joya de nuestros ritmos vernáculos, en exaltación a una sana y férrea amistad entre estos dos personajes populares, ha trascendido que la composición tuvo su origen en una jocosa anécdota que envuelve a ambos amigos, según la cual Tatico había enunciado su interés de elaborar un merengue dedicado a resaltar el profundo aprecio que le profesaba al amigo de Loma de Cabrera y la familia de éste, de quienes recibía efusivas muestras de cariño y hospitalidad en los frecuentes viajes que efectuaba a la región, ya fuese por compromisos artísticos y de trabajo o en actividad personal.
 
Cuentan que, enterado Nonito de tales aprestos, le mandó a decir al merenguero, por trasmanos, -‘que no le mencionara a su mujer’-, en el texto de la composición.
 
Se presume que hacía tal pedido a fin de no entrar en ‘conflictos de jurisdicción’. En buen dominicano, para no quemarse con otros quereres y/o líos de faldas, en los que pudiese estar envuelto en esos días, en los campos y poblados por los que continuamente andaba de rumba, siguiendo los agitados pasos de Tatico, quien para la época (años 1965-1976), se había constituido en la sensación del merengue típico y se presentaba continuamente en los pueblos de la Línea Noroeste, Santiago de los Caballeros –en donde había establecido su domicilio-, el resto del país e importantes plazas del extranjero, principalmente Puerto Rico y la ciudad de Nueva York.
 
Conocedor de la inquietud que embargaba al amigo y dispuesto, al parecer, a jugarle a éste una travesura, Tatico re-elaboró su composición, dando por resultado el texto que sigue:
 
-‘En Loma ‘e Cabrera/le canté a Nonito/es un buen amigo/ yo lo felicito.
-‘Me dijo Nonito/ Que me quería ver/ que no le cantara/ a la mujer d’el.’
Esta sencilla composición folklórica, integrada apenas por dos estrofas de las que al final se repite la primera, hubo de constituirse en un ícono en los encuentros típicos de monte adentro, en las Patronales de la Virgen de La Altagracia, en Loma de Cabrera –el 21 de Enero- así como en diferentes eventos de las comunidades rurales y pueblerinas de las provincias del Cibao.

Y, como es natural, pieza obligada en las frecuentes fiestas y jolgorios auspiciados por el propio Nonito Díaz, quien, entre otras cosas, era propietario del Palmera Bar, centro de bailes de grata recordación en Loma de Cabrera –hoy desaparecido-, por el que desfilaron las más prestigiosas luminarias del mundo artístico en boga en las décadas de los 70’s y 80’s y en donde las alegres y contagiosas notas del acordeón de Tatico tuvieron noches y días de ardiente expresividad.
 
Y en este punto, es oportuno puntualizar de manera categórica que, cuando Nonito se metía en jarana, toda la población disfrutaba. A tal extremo que no paraba mientes ni disposición de recursos a la hora de gestionar la contratación de las mejores orquestas del país para ser presentadas en su sala de fiestas, en las patronales, fechas patrias o cualquier otra ocasión, asumiendo, con ello, en cierto sentido, el papel de un mecenas del arte popular en la región.
 
Tatico partió de este mundo, con gran pesar para el pueblo dominicano, fruto de un aparatoso accidente que le costó la vida, ocurrido en la Avenida Estrella Sadhalá, de Santiago de los Caballeros, el día 23 de Mayo de 1976, mientras conducía su flamante vehículo Ford Granada.
 
La calidad de sus interpretaciones, su carisma y trato personal han contribuido a perpetuar su imagen en el recuerdo y el cariño de los dominicanos y todos cuantos le conocieron y con el paso de los años su estatura se agiganta y sirve de estimulo y modelo a seguir para los intérpretes del merengue típico, bailarines de agrupaciones folklóricas o del ciudadano común, apegado a la rica herencia musical que caracteriza la identidad cultural dominicana.
 
A su vez, Don Nonito Díaz arriba a sus 81 años, en el seno de su hogar en ‘Loma’, un poco mas apaciguado, contando con el cariño, mimos y cuidados de Doña Carmen Pérez, su abnegada esposa de toda la vida, de los múltiples hijos que cosechó en su agitada carrera, así como de nietos, sobrinos, familiares y múltiples amistades que le profesan afecto.
 
Todavía recuerda con devoción al entrañable amigo, ido a destiempo, y junto a él, en el ámbito de su hogar, mas de uno siente inundárseles los ojos al evocar a ese inconmensurable ser humano que con su sola presencia contagiaba a todos de alegría y emoción sin limites y convertía las fiestas típicas en un verdadero carrusel sin fin.
 
Ciertamente, el merengue típico tuvo en Tatico Henríquez a su más alta y genuina expresión musical. Y en la casa de Nonito, en La Loma, encontró su más hospitalario albergue.
 
Gloria eterna a la memoria de Tatico!; Larga y provechosa vida para Nonito!!
 
Loma de Cabrera; Septiembre 26, 2011.




















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BUCÓLICO

1. Adj. lit. Díc. del género de poesía o composición poética que canta la sencillez de la vida campestre. Teócrito es considerado su creador y Virgilio su máxima figura y modelo para los autores de la Edad Media.

2. adj.-s. idílico.