29 nov. 2011

Entre cantares épicos y ansias de progreso, late la vida en Restauración

Por Sergio Reyes II.
  
La llegada sigilosa, sin agenda previa ni guión, constituyó, quizás, la circunstancia adecuada, que nos permitiese sacar a flote y poner a palpitar en toda su belleza y expresividad las disímiles cualidades que confluyen para hacer de Restauración un inigualable paraíso enclavado en las serranías de la Cordillera Central, en la República Dominicana.

Acompañado de frescas y juguetonas brisas matutinas, que se escurren entre la arboleda arrancándole murmullos, nos apersonamos a las inmediaciones de un vistoso arco de reciente construcción, que ofrece la bienvenida al viajero.

El oficio del cronista, que aprecia el íntimo valor de las cosas cuando puede conocerlas en carne propia, nos hizo desechar el vehículo y poner pie en tierra, para sumergirnos en un eterno viaje, sin fin, que, en lo adelante, habría de ser ejecutado a pies.

Una sinfonía vegetal, matizada por todas las tonalidades posibles de verde, se encuentra presente en el entorno, apabullando la mirada y dejando centelleantes fulgores impresos en las pupilas. Entre éstos, el impacto del colorido nos conduce hacia el verde pálido de la entrada triunfal, estampado allí talvez con la ingeniosa finalidad de destacar la estructura en contraste con el verde intenso de la arboleda circundante.

Una novedosa oleada de cambios sacude en estos tiempos a la bucólica población, motivados, en unos casos, por las exigencias  del desarrollo, a tono con los tiempos modernos, y, en otros, por la urgente necesidad de implementar las ejecutorias y promesas de corte proselitista surgidas en el fragor de recientes certámenes electorales.

En uno u otro caso, lo cierto es que, en el presente, en esta laboriosa población fronteriza situada en la porción sur de la provincia Dajabón, el ansia de progreso vibra en sus cuatro costados, remecida por una febril actividad que ha conllevado su remozamiento vial, con la consiguiente reparación y ampliación de calles, aceras y contenes, acondicionamiento de parques, balnearios y otras áreas públicas, así como construcción o ampliación de diversas obras y edificaciones que desde hacía mucho tiempo demandaban la mano diligente del Estado, a través de sus diferentes Ministerios, o del Municipio, con la intervención del Alcalde y la Sala Capitular.

En suma, con gran placer se puede observar la pulcra imagen que ofrece esta demarcación en el presente, lo que dista mucho del descuido, descontrol e inobservancia de las reglamentaciones municipales que imperaba hace apenas unos diez años atrás.

Y ya que en esas estamos, permítaseme decir que, independientemente del simbolismo, veneración y recogimiento que estaban patentizados en el antiguo calvario de tres cruces instalado en la entrada del pueblo en 1951 por el padre Santa Anna y los jesuitas de la Misión Fronteriza, la portentosa obra de una sola y robusta cruz de madera erigida en el mismo lugar por la actual gestión municipal preserva las aspiraciones y el simbolismo espirituales de la feligresía católica y, al mismo tiempo, el remozamiento del lugar convierte a la zona en un vistoso punto de referencia para propios y visitantes, a la vez que en apacible rincón de esparcimiento para que la comunidad pueda disfrutar de las tardes y la prima noche en un ambiente sano y fraternal.

El agitado tropel de días de feria en el área del mercado y callejas aledañas, nos envuelve con el constante ir y venir de compradores, las ofertas a todo pulmón de los vendedores y el incesante e ininteligible parloteo de las marchantas de origen haitiano que pululan por doquier, sumidas en el acostumbrado regateo y los ineludibles retruécanos de la compra y venta. 
De repente, quedamos sumergidos en un torbellino de frutas frescas, vegetales, víveres -con la rojiza tierra de estos lares aún impregnada-, aves de corral de diversa especie, ristras de ajo, olorosos amasijos de ramitas de orégano y hojas de limoncillo. Y junto a éstos, una penetrante oleada de esencias -vegetales y animales-, pululando en el ambiente.

A seguidas de este baño de pueblo y vibrando todavía en nuestros oídos los ritmos musicales que acaparan las radios, consolas y bocinas de las viviendas y comercios -y hasta de un estridente Disco-Light que, en la ocasión, recorría las calles convocando a un próximo evento de corte político-, nos dirigimos, un poco mas sosegados, hacia el sombreado y acogedor Parque Central de la población.

Solidarias banquetas acogen nuestra anatomía, aunque no por mucho tiempo: la sólida glorieta, la delicada jardinería y ornamentación y, más que nada, la limpieza y pulcritud imperantes en el ámbito de este parque de encumbrada arboleda, nos hacen dirigir la vista de lado a lado.
Y con ella, el ojo avizor del lente, dispuesto a graficar todo aquello y perpetuarlo para la posteridad.

Entidades municipales, judiciales, organismos de servicio público y de ejecución del Estado, instalaciones deportivas, educativas, religiosas y recreativas, entidades privadas y estamentos militares y policiales, …

Con la sola excepción de las deplorables condiciones que presenta el local que alberga la dotación policial de la comunidad -el cual amerita la urgente atención de las autoridades correspondientes, por el respeto y consideración que se merecen los abnegados servidores que prestan su labor en dicho lugar en condiciones poco menos que infrahumanas-, en sentido general la población ofrece una delicada estampa en la que los detalles del ornato, la limpieza y dedicación de los munícipes se confabulan para hacer agradable la permanencia del visitante.

La simpleza de las coquetas casitas de antaño, alternándose con otras de estructura moderna y reciente construcción y engalanadas, todas, con primorosos jardines frontales, a cada paso nos cautiva la atención. La bucólica quietud pueblerina y la originalidad de las impecables callejuelas que suben y bajan siguiendo las ondulaciones del accidentado terreno de las serranías, nos toma por asalto, dejándonos boquiabierto.

Uno de esos casos esta patentizado en las viviendas construídas por los inmigrantes de origen ibérico -y sus descendientes- que ostentan el apellido Fontanilla.

La delicadeza, multiplicidad de detalles y el evidente amor y dedicación por nuestras cosas que, evidentemente, inspiró a quienes construyeron las inigualables casitas a que me refiero, ameritan un escrito más extenso y especifico, al que pienso dedicarme más adelante. Mas aún, después de haber conocido y disfrutado la inmerecida atención de la excelsa dama y maestra de varias generaciones, Aracelis Bueno Vda. Fontanilla, quien, en desmedro de urgencias familiares pre-establecidas, dispensó en mi favor una parte de su valioso tiempo y me ofreció novedosas informaciones de tipo histórico y familiar que, en su momento, habré de elaborar para contar algunas de las bellas estampas que están encerradas en las paredes de su vistosa vivienda, que, mas que una casa, es un tesoro arquitectónico que, al igual que otras añejas construcciones de igual naturaleza que se encuentran diseminadas en diferentes lugares del pueblo, debe ser aquilatado y preservado por el municipio de Restauración y sus habitantes.

Haciendo esquina con esta memorable casona y ocupando un lugar cimero, conexo a todo el lateral sur del parque, se erige la imponente estructura de la iglesia católica, construida en 1947, que está dedicada a venerar al Patrón San José, maestro carpintero y padre de Jesús, el redentor del mundo.

Diversas figuras forjadas en metal, simbolizando árboles de pino así como serruchos, martillos y otros utensilios y herramientas usadas en su labor por el humilde carpintero, adornan la verja frontal del templo. Al propio tiempo, dicha ornamentación se identifica con la profusión de serranías forradas de pino y otros árboles maderables, que se extienden en todo el municipio de Restauración, lo que le convierte en zona de aserraderos, repoblación forestal y procesamiento de maderas preciosas, actividad económica que constituye una importante fuente de ingresos para un sector significativo de la comunidad.

El amplio espacio frontal de la edificación, por encima de los portones de entrada, está ocupado por policromados murales en los que se representan imágenes de la infancia de Jesús junto a sus privilegiados progenitores.

El interior de este templo sobrecoge por la amplitud, la elevación de su nave central y la sencillez de su altar, a tono, quizás, con las enseñanzas y prédicas impartidas  en el curso de su vida por aquel hijo de humildes padres y aprendiz de carpintero, que vino al mundo a ofrendar su vida para salvar a la humanidad.

Fuera de allí, el embate frontal del fresco viento, mientras escalábamos una ligera pendiente, nos puso,  nueva vez, en frente de un imponente coloso monolítico que rememora gestas libertarias. Nos referimos a la descollante estructura de concreto en forma de pilar vertical, erigida en 1986 en el punto mas alto de la población, para conmemorar a la epopeya y a los héroes que hicieron realidad la Guerra de la Restauración (1863-1865), acontecimiento histórico mediante el cual los dominicanos se sacudieron de la ignominia de la anexión a España y con el cual la República Dominicana estableció de manera definitiva su independencia, logrando su inserción en el contexto de los pueblos libres del mundo.

Frescas oleadas de viento que circulan en todas direcciones acarician al transeúnte que se apersona en este imponente recinto constituido a manera de atalaya y desde el cual puede apreciarse la extensión del poblado en todas direcciones así como los cerros y demás formaciones orográficas que completan el encierro de este prodigioso valle intramontano.

Los colores y emblemas patrios, así como los vistosos murales con las figuras de aquellos prohombres estampadas a todo lo largo de la cilíndrica estructura vertical por el pincel prodigioso del artista dajabonero Gume Mármol, contribuyen con su policromía a hermosear el entorno, haciendo más agradable la estancia.

Un altivo lienzo, que se bate furiosamente enfrentado a los fuertes vientos desde el punto más alto de un mástil, parece recordarnos la bravura de leyenda que impulsó y acompañó hasta lograr la victoria a aquellos valerosos combatientes, en su lucha desigual contra el orgulloso y prepotente ejército invasor del imperio español de entonces.

En su encrespada altitud, que se eleva cada instante con el agradecimiento y veneración del pueblo, la bandera tan solo encuentra compañía en la cercana presencia de las torres emplazadas en años recientes por las empresas telefónicas establecidas en el país, a fin de ampliar el alcance de las comunicaciones y facilitar el desarrollo de los pueblos de la región.

Sin embargo, la belleza inmarcesible de este sólido monumento y la enseña tricolor que le sirve de celoso  vigilante solo puede ser equiparada por la majestuosidad de los verdes bosques y las empinadas montañas que bordean en todas direcciones al dinámico y acogedor poblado de Restauración, que, de tan alto y encumbrado, por momentos, la ilusión nos hace suponer que estamos en los umbrales de las puertas del mismo cielo. 
  
Loma de Cabrera, Nov. 26, 2011.

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Una sola Palabra

BUCÓLICO

1. Adj. lit. Díc. del género de poesía o composición poética que canta la sencillez de la vida campestre. Teócrito es considerado su creador y Virgilio su máxima figura y modelo para los autores de la Edad Media.

2. adj.-s. idílico.